El camino a Amberes


Tras reunirse con Dumouriez el 11 de septiembre de 1792 en el bosque de Argonne, al noreste de Francia, Miranda es puesto junto al mariscal de campo Henri Stengel al mando de la vanguardia de tropas que protege el paso de Grandpré, frente al cual se encuentra el grueso de las tropas prusianas del Duque de Brunswick. Brunswick tiene la intención de cruzar con su ejército la barrera natural que constituye el bosque con el objetivo de avanzar sobre París.


El día 12, Miranda y Stengel repelen un primer intento de avance prusiano; es un ataque de distracción, pues el generalísimo prusiano piensa hacer cruzar su ejército por otro paso. Aún así, es la primera vez que el ejército revolucionario francés obliga al enemigo a replegarse.


Batalla de Valmy

20 de septiembre de 1792: al detener el avance de la invasión lanzada por Prusia y Austria, el duelo de artillería de Valmy es la primera victoria militar significativa de la Revolución Francesa. Si bien los combatientes franceses y prusianos no llegaron a estar en contacto directo en ningún momento, el cañoneo fue lo suficientemente intenso como para causar casi 500 bajas entre ambas partes (óleo del pintor francés Jean-Baptiste Mauzaisse, 1836).

Imagen: Wikipedia


Un choque mucho más determinante, la primera batalla importante de las guerras de la Revolución francesa, tiene lugar en Valmy el 20 de septiembre. Considerada por Goethe como el "inicio de una nueva fase de la historia del mundo" [1]Bielschowsky Albert: Goethe, el hombre y su obra, p. 265, Editorial Scientia, Barcelona, 1944 en tanto a lo que significa para la continuación del proceso revolucionario francés, Valmy no es, sin embargo, una gran batalla al estilo de Waterloo y otras anteriores o posteriores. Es en realidad un duelo de artillería, y las fuerzas francesas y austro-prusianas no llegan a entrar en contacto unas con otras, lo que no impide que se produzcan no menos de 500 muertos y heridos entre ambos bandos, saldo que habría sido mucho peor si la lluvia y el lodo no hubieran impedido el rebote de los cerca de 10 mil proyectiles intercambiados desde la madrugada hasta el atardecer [2]Lesage, Gérard: De Valmy à Jemappes - 1792: Premières victoires de la Révolution, pp. 63-69, Ed. Economica, París, 2011. Miranda no tiene un rol decisivo en el enfrentamiento y su apreciación del evento se limita a anotar en su informe que "el ejército prusiano nos atacó por la izquierda en Valmy, el 20, con un furioso cañoneo que duró desde el amanecer hasta la noche. Fue rechazado, propuso una tregua para comenzar negociaciones y se fue [3]Extraído de Colombeia – Memoria del mundo, catálogo digital: Revolución Francesa, Tomo I, Folio 32 al 35."


La gran importancia de la victoria de Valmy reside, sin embargo, en el efecto que ella tiene en la opinión pública francesa al demostrar que el ejército republicano, mermado como está por las purgas de oficiales opuestos a la Revolución, es capaz de rechazar a un ejército como el de Prusia, considerado uno de los mejores de Europa. El triunfo hace temporalmente de Dumouriez un héroe nacional y se presta para que la opinión pública olvide las pobres condiciones en las que se encuentra ese mismo ejército: aparte de la artillería, que sigue estando entre las mejores del continente, la tropa está compuesta por una mezcla de voluntarios sin mayor preparación ni disciplina y soldados profesionales que frecuentemente carecen de los pertrechos más esenciales. Varias situaciones de insubordinación y desbandada ante el enemigo tienen lugar, y a sólo tres días de estar en su comando, Miranda se ve forzado a contener a golpes de sable la huída masiva de sus tropas ante la carga de la caballería prusiana. A pesar de estas dificultades, Dumouriez obtiene la autorización de la Convención para invadir Bélgica, gobernada entonces por el enemigo austríaco.


En ese mes de septiembre de 1792, la actividad militar de Miranda le hace merecedor de numerosas muestras de reconocimiento. Su amigo Pétion, que ahora preside la Convención, lo felicita por escrito. Dumouriez, su superior inmediato, se niega rotundamente a que Miranda sea retirado de su servicio; es su "amigo íntimo", dice. Algo más significativo aún: el 3 de octubre, a un mes apenas de haber sido admitido al ejército francés con el grado de mariscal de campo, recibe un ascenso a teniente general (equivalente a general de división en la nomenclatura actual).


Madame Roland

Madame Roland

Helen Maria Williams

Helen Maria Williams

Mary Wollstonecraft

Mary Wollstonecraft

Es quizás por la buena acogida que se le dispensa en Francia que Miranda comienza pronto a expresarse de sí mismo con una nueva visión que guardará por varios años: la de ser un ciudadano francés que no por ello olvida y deja de sufrir por la esclavitud en la que vive su patria de nacimiento, Hispanoamérica. Su intensa actividad militar en Bélgica no le impide informarse y expresar su opinión sobre asuntos políticos de la Revolución que le parecen de relevancia. Un ejemplo de ello es su insistencia ante Pétion en defensa del derecho de las mujeres a ser "al menos consultadas” sobre las leyes que les conciernen: "¿Por qué, en un gobierno democrático," dice, "las mujeres, si bien son la mitad de la población, no están debidamente representadas, pero sí se les aplica todo el vigor de la ley?" [4]Polanco Alcántara, Tomás: Francisco de Miranda, ¿Ulises, Don Juan o Don Quijote?, 2da edición, p. 295, Ediciones Vencemos, Caracas, 1997


Debe señalarse que, a lo largo de su vida, Miranda tendrá siempre una sensibilidad particular -en realidad, una adoración- hacia las mujeres, particularmente hacia aquéllas de un cierto nivel intelectual y educación. Durante su estadía en Francia, trata personalmente con damas que asumen de diversas maneras un rol político o intelectual en la Revolución, como Madame Roland y la novelista, memorialista y poetisa inglesa Helen Maria Williams. En el salón de esta última, cruza caminos con la intelectual y feminista británica Mary Wollstonecraft, autora del ensayo Vindicación de los Derechos de la Mujer, y futura madre de la novelista Mary Shelley, autora de Frankenstein.


Con toda seguridad, el buen concepto general en el que se le tiene es una de las razones para que el Consejo Ejecutivo de la Convención, que analiza las diversas variables a seguir en el desarrollo de la guerra, considere darle un rol central en una jugada geopolítica mayor: Francia estudia atacar a España en la Península y en sus territorios de América. Por su experiencia militar en el Caribe y sus conocimientos de la región, Miranda es visto como el mejor candidato para liderar una campaña regional a ser lanzada desde Santo Domingo (Haití); 12 mil soldados franceses estarían disponibles en esa isla. Dos planes diferentes son analizados entre septiembre y octubre de 1792, y a fines de este último mes se le convoca a París para discutir el plan retenido, ideado por el vice-almirante Armand de Kersaint. Miranda estudia la factibilidad militar de la empresa y escribe al respecto, sin dar detalles, a sus amigos norteamericanos Hamilton y Knox (ver Los Estados Unidos). También inicia la redacción de un manifiesto a los hispanoamericanos presentando su compromiso personal y el de Francia para con la independencia.


Su entusiasmo ante el prospecto de finalmente comandar una expedición libertadora hacia Hispanoamérica será de corta duración, pues Dumouriez le pondrá al tanto de que la verdadera intención de la Convención es la de dividir la América hispana entre Francia, las otras potencias europeas y Estados Unidos, a cambio de la paz. El prospecto de ver su continente natal repartido es algo con lo que Miranda no querrá asociarse, por lo que utilizará una excusa banal para rechazar el lucrativo cargo de gobernador de Santo Domingo que se le ofrece. Esta decisión será para él más que afortunada, pues los vaivenes de la política francesa hacia esta próspera colonia -y, más exactamente, aquéllos concernientes a la manutención del régimen de segregación racial y esclavitud que allí impera- exacerbarán las tensiones que existen entre los colonos blancos, los negros libres y la población esclava, lo que a su vez ocasionará en los años siguientes una guerra civil de índole racial que causará decenas de miles de muertos y el exilio forzado de la población blanca. Miranda tratará de lograr que la Convención examine los planes libertarios que le ha propuesto a Pitt (ver Rusos, ingleses, españoles), pero esto no tendrá lugar.


De vuelta en Bélgica, Miranda tiene una nueva actuación distinguida al culminar exitosamente el sitio de la ciudad portuaria de Amberes, el 29 de noviembre de 1792. Había tomado la responsabilidad del asedio tan sólo 4 días antes, remplazando en el mando del Ejército del Norte al general La Bourdonnaye, a quien Dumouriez no juzga lo suficientemente combativo [5]Guillaume, Henri Louis Gustave: Documents inédits relatifs à l'invasion française en Belgique en 1792, Revue d'histoire et d'archéologie, p. 6, Emmanuel Devroye, Impresor del Rey, Bruselas, 1861. Su conducción decidida de la acción y su conducta firme pero benévola hacia los civiles y para con el enemigo austríaco vencido le son muy reconocidas. Además de la ciudad y su puerto, los franceses capturan 102 cañones, 67 obuses, 1.300 fusiles y muchos otros pertrechos [6]Lesage, Gérard: De Valmy à Jemappes - 1792: Premiéres victoires de la Révolution, pp. 118-119, Ed. Economica, París, 2011 a un costo en vidas de menos de 40 muertos entre ambos bandos.


Grabado Amberes

'Antverpia' (Amberes), imagen cortesía de Holger Christoph & Co. GmbH

Arriba, panorama aéreo de Amberes realizado en 1657 por Jan Jansson: muestra claramente el alcance de las fortificaciones de la ciudad y su ciudadela, en la parte superior izquierda de la imagen. La captura de Amberes con un costo en vidas relativamente bajo es un éxito personal que Miranda intenta hacer valer en 1795 cuando publica un escrito dando su opinión sobre la situación política francesa que lleva en la cubierta su retrato sobre un paisaje de la ciudad, a la derecha. Abajo, la inscripción que honra el nombre de Miranda en el Arco de Triunfo, en París, como oficial del ejército revolucionario francés.

Miranda y Amberes
Miranda en el Arco de Triunfo

Como responsable militar de la ciudad, Miranda se muestra severo pero justo en sus tratos con la alta burguesía local: es inflexible, por un lado, en hacer cumplir órdenes que, según la práctica militar de la época, obligan a ésta a otorgar el préstamo forzado de cantidades considerables de dinero para pagar y mantener las tropas francesas; por el otro, es puntilloso en evitar que sus soldados -hambrientos, harapientos y carentes de todo- realicen allí el pillaje que comandantes franceses permiten alegremente en otras ciudades conquistadas, con el consiguiente sufrimiento para la población.


Cuando los belgas son llamados a realizar elecciones para substituir las estructuras políticas heredadas de 80 años de ocupación austríaca, Miranda se destaca también al permitir la elección libre de autoridades locales que no son propiamente del perfil deseado por la Convención en París, donde se fragua la anexión pura y simple del territorio supuestamente liberado. Tanto él como Dumouriez reconocen la necesidad estratégica de conservar el apoyo de los belgas y rechazan los excesos de la Convención en este sentido.


Esta mano firme pero justa es quizás razón de los elogios que Miranda recibe a fines de 1792 de parte de monseñor Corneille-François de Nelis, Obispo de Amberes, junto con varios libros. Comparándolo con el mítico Ulises, el obispo escribe: "Donde quiera que esté el general Miranda, el respeto y todos los sentimientos debidos a los grandes talentos irán a encontrar por parte de su servidor al hombre de letras, al filósofo lleno de amenidad y de los más amplios conocimientos, al gran militar y, en fin, a aquél de quien Homero y más tarde Horacio hubieran dicho ‘qui mores hominum multorum vidit et urbes’"[7]Miranda, Francisco de, Archivo del General Miranda, Tomo X,p. 225, Editorial Sur-América, Caracas, 1931 ('que vio las maneras de muchos hombres y ciudades').