Leander


A inicios de 1805, el embajador de Estados Unidos en Gran Bretaña, Rufus King, deja Londres para regresar a su país. Miranda, que durante varios años ha tratado infructuosamente de obtener una ayuda militar británica para la creación de un estado independiente en los territorios españoles de América, tiene buen trato con el diplomático y ve en su retorno la oportunidad de sondear nuevamente al gobierno estadounidense, ahora presidido por Thomas Jefferson, sobre un eventual apoyo a sus planes independentistas, y así lo informa a sus contactos en el gobierno inglés.


Navío de línea

Habitualmente destinado al transporte de carga, el Leander es armado y equipado para la actividad subversiva. Entre sus principales pertrechos se encuentran 18 cañones y una imprenta.

Este último está en guerra desde 1803 con la Francia de Napoleón, guerra que ha extendido a España en 1804. En el contexto de las ambiciones de Miranda, la situación podría ser tomada como propicia para una expedición británica sobre las colonias españolas de América, pero esta interpretación sería errónea, pues la prioridad del gobierno inglés, nuevamente dirigido por William Pitt, es la de contener la amenaza inmediata que representa la creciente dominación de Napoleón en la Europa continental. A su vez, Napoleón, que se ha coronado Emperador, tiene todas las intenciones de acabar con el riesgo militar que Inglaterra significa para su hegemonía en el continente, y con ese objetivo en mente ha dado orden dos años atrás de construir una enorme flotilla alrededor de la ciudad portuaria de Bolonia con la cual espera cruzar el canal de La Mancha en cuanto le sea posible al frente de un ejército de 120 mil hombres. [1]Franco Castañón, Hermenegildo: La razón de Trafalgar. La campaña naval de 1805. Un análisis crítico. P. 70, AF Editores, Valladolid, 2005


Percibiendo claramente que Londres no puede apoyar ninguna iniciativa suya en el futuro previsible, Miranda se embarca el 2 de septiembre de 1805 en dirección a Nueva York. Al desembarcar allí el 4 de noviembre, se reúne de inmediato con el embajador King y su viejo amigo William Stephens Smith (ver El gran viaje), a quienes muestra una carta de Nicholas Vansittart, ahora Ministro para Irlanda en el gabinete de Pitt. Vansittart expresa a grosso modo que si bien Inglaterra no puede apoyar materialmente una expedición libertadora de Miranda sobre las colonias españolas, le desea mucho éxito en caso de encontrar otra ayuda y guarda en reserva la posibilidad de colaborar después según las circunstancias. King hace llegar esta carta al secretario de estado James Madison y al Presidente Jefferson, y Miranda hace el viaje hasta la novísima capital de Washington DC para entrevistarse con ambos.


Rufus King

Rufus King

Thomas Jefferson

Thomas Jefferson

James Madison

James Madison

Miranda es muy bien recibido en la Casa Blanca, construida sólo unos años antes. Conversa con Jefferson y Madison en francés y en inglés: el Presidente quiere evitar un conflicto con España, pero le da lo que parece ser un visto bueno tácito si logra organizar una expedición por sus propios medios. Miranda vuelve a Nueva York y comienza a trabajar en ello con la ayuda del coronel Smith, que en ese momento es Inspector de la aduana del puerto de esa ciudad y tiene contactos con diversos armadores. Smith le pone en contacto con uno de ellos, Samuel G. Ogden, quien le ofrece la posibilidad de financiar el flete y el equipamiento de un barco de 180 toneladas, el Leander, a un interés exorbitante del 200 por ciento.


Miranda acepta. Está convencido de que los ánimos políticos sudamericanos están lo suficientemente caldeados y que sólo se necesita una iniciativa clara y alguien que trace el camino para que el descontento local por el sistema colonial se materialice en una revuelta que España, que sufre exigencias cada vez mayores de Napoleón, no podrá nunca detener. Tras la independencia, que se lograría "con poca violencia, y quizás sin pérdida de mucha sangre," [2]Biggs, James: The History of Don Francisco de Miranda’s Attempt to Effect a Revolution in South America, in a Series of Letters, p. 7, Second Edition, Edward Oliver, Boston, 1812 se le podría pagar a Ogden fácilmente.


Es bajo esta premisa que se inicia el reclutamiento, con subterfugios diversos, de los casi 200 hombres [3]Biggs, James: The History of Don Francisco de Miranda’s Attempt to Effect a Revolution in South America, in a Series of Letters, p. 4, Second Edition, Edward Oliver, Boston, 1812 que acompañarán a Miranda desde Nueva York. La gran mayoría de ellos no sabe absolutamente nada sobre Miranda y zarpará sin saber cuál es su destino. El hijo de Smith, William Steuben Smith, nieto del expresidente John Adams, viajará con él como su edecán y también lo hará su secretario londinense, Thomas Molini.


Algo ha cambiado en Miranda, pues antes de partir escribe a John Turnbull y le comunica su deseo de que su hijo Leandro sea bautizado en la fe católica, un claro cambio de actitud hacia la iglesia de Roma, tanto criticada por él 20 años antes. También escribe a Sarah Andrews y le da instrucciones para la educación del niño, pero, curiosamente, no dice nada con respecto al segundo hijo que Sarah espera de él, que se llamará Francisco.


Durante la travesía y el año y medio que durará la expedición, el Leander navegará, según las circunstancias, bajo las banderas de Estados Unidos, de Gran Bretaña y de Colombia (debe comprenderse a esta última, sin embargo, no como el país actual del mismo nombre, sino en el sentido que Miranda da a la apelación, es decir, el de la nación que pretende establecer en toda Hispanoamérica).


Deslice el cursor sobre el mapa siguiendo el orden de los números para descubrir los hechos principales de la expedición. Presione F11 para ver en pantalla completa.

La aventura del Leander culmina con una conclusión paradójica. Desde el punto de vista militar, la expedición es un rotundo fracaso, pues, al no encontrar población local que le apoye, Miranda no logra establecer una cabeza de playa a partir de la cual fomentar una revuelta independentista por toda Hispanoamérica y se ve obligado a retirarse antes de que se produzca un contraataque español que no habría podido repeler.


Diez infelices expedicionarios han sido ahorcados y decapitados delante de sus compañeros en Puerto Cabello y sus cabezas enviadas a varias ciudades de Venezuela para ser exhibidas como advertencia para el escarnio público. Los otros 47 cautivos quedarán por un tiempo como prisioneros de España; algunos lograrán escapar.


Tras un año de privaciones y malos tratos, de los casi 200 voluntarios o navegantes que zarparon en el Leander desde Nueva York en febrero de 1806, sólo quedan 33 hacia febrero de 1807, cuando estas personas firman una petición al gobernador de Trinidad para que interceda en el cobro de lo que Miranda les adeuda; la embarcación había fondeado en Puerto España el 28 de octubre de 1806 y será vendida casi un año más tarde, lo que permitirá un pago parcial a los expedicionarios que aún persisten para ese entonces. Su propietario neoyorquino, Samuel Ogden, no recibirá ningún pago, pero él y el coronel Smith tendrán la consolación de ser exonerados en los tribunales norteamericanos tras haber participado en el complot.


Primer Número de la Gaceta de Caracas

La efervescencia política vivida en la Capitanía general de Venezuela a partir de 1806 lleva a la autoridad colonial a crear en 1808 la Gaceta de Caracas como medio para combatir las nuevas ideas. Con ella se inicia la era de los medios de difusión masiva en Venezuela.

Al igual que hace con el Leander, Miranda también vende en Puerto España, al impresor Mateo Gallagher, la imprenta que ha embarcado en Nueva York. Poco después, las autoridades coloniales de Venezuela adquieren una imprenta de ese mismo Sr. Gallagher y la transportan a Caracas para utilizarla en la publicación del primer periódico digno de ese nombre editado allí, la Gaceta de Caracas. Es posible que esa imprenta fuera la misma embarcada por Miranda, pero esto no ha sido nunca totalmente demostrado [4]Grases, Pedro: La Imprenta en Venezuela, Tomo I, pp. 111-137, Editorial Seix Barral, Caracas, 1981.


En Caracas, la cabeza de Miranda ha sido puesta bajo precio y la alta sociedad de la provincia, entre la cual había pensado encontrar un apoyo inmediato para su revuelta, se ha movilizado rápidamente a colaborar con el fondo establecido para premiar a quien facilite su captura o muerte. Su efigie, su bandera y su proclama han sido públicamente quemadas en la Plaza Mayor de la ciudad (la actual Plaza Bolívar); más tarde, la Gaceta de Caracas lo describirá como "un aventurero intrigante, oprobio del nombre español."


Allí, en estas fuertes palabras, se encierra el resultado paradójico de la expedición: gran fracaso militar, desde el punto de vista político la aventura del Leander consagra a Miranda como figura emblemática de quienes en Hispanoamérica se oponen a seguir viviendo bajo el dominio español. Qué proporción de la población hispanoamericana está a favor de la independencia en ese momento es sujeto de debate; no lo es, sin embargo, el hecho de que la amplia difusión de la condena emitida en su contra le confiere una notoriedad que jugará un rol en los acontecimientos políticos que se pondrán en marcha en Venezuela a partir de 1810 y, sobre todo, luego de que Miranda -proscrito, humillado y desacreditado como lo está ahora- sea acogido triunfalmente en La Guaira en diciembre de ese año.