Napoleón


Al mismo tiempo que tiene lugar la expedición del Leander, la situación política europea sigue un curso que va a tener grandes consecuencias para el futuro de las colonias americanas de España.


Miranda, 1806

Francisco de Miranda: retrato
al pastel, anónimo, 1806.

La destrucción de la mayor parte de la flota combinada de Francia y España en Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, confirma definitivamente el abandono por parte de Napoleón de un proyecto de desembarco en Inglaterra. En reemplazo, Bonaparte impone en julio de 1806 un bloqueo comercial absoluto en la Europa continental contra los productos británicos y en la segunda mitad de 1807 introduce tropas en España, inicialmente con el visto bueno del gobierno del Primer Ministro y favorito real Manuel Godoy, con la intención explícita de conquistar Portugal, nación que se rehúsa a cumplir el bloqueo, y de compartirla junto a sus colonias con su aliado español.


La presencia militar francesa genera una fuerte antipatía en el pueblo llano español, antipatía que, al unirse a la pérdida de credibilidad de Godoy y a una difícil situación económica, conduce, el 18 de marzo de 1808, a un motín en Aranjuez durante el cual Carlos IV se ve forzado a abdicar a favor de su hijo Fernando VII, en parte instigador de la revuelta.


La abdicación ocurre cuando no han transcurrido todavía tres meses del regreso de Miranda a Londres. No ha tenido mayores problemas para explicar el resultado de la expedición al nuevo Ministro de la Guerra, Lord Castlereagh, y pronto recibe, para gran entusiasmo suyo, una solicitud del gobierno del primer ministro William Cavendish-Bentinck, 3er Duque de Portland, de colaborar en la preparación de una gran expedición militar a ser lanzada sobre Venezuela, allí mismo donde ha fracasado tan estrepitosamente un año antes. Se contempla que la expedición esté al mando de Sir Arthur Wellesley, el futuro Duque de Wellington, quien vencerá a Napoleón en Waterloo en 1814 y es todavía hoy uno de los grandes héroes militares británicos de todos los tiempos.


Convencido de que esta vez la gran expedición militar que tanto ha propuesto se hará finalmente realidad, Miranda colabora asiduamente con Wellesley en la elaboración de planes de ofensiva y logísticos, poniendo toda la información que posee y lo aprendido en la expedición del Leander a disposición del gran militar irlandés.

Arthur Wellesley, Duque de Wellington

Arthur Wellesley,
Duque de Wellington


Entretanto, entre el 30 de abril y el 6 de mayo siguientes, Napoleón obtiene en Bayona la renuncia al trono español de Carlos IV y su hijo Fernando VII, a quienes promete un exilio dorado en Francia, y lo otorga como Rey a su hermano mayor con el título de José I Bonaparte. Entre las dos fechas estalla en Madrid, el 2 de mayo de 1808, una revuelta popular contra la dominación francesa que marca el inicio de la Guerra de la Independencia Española, la cual durará hasta 1814.


En la capital inglesa, la noticia de la llegada al trono de José Bonaparte y el posible control por parte de Francia de las colonias americanas de España es recibida con aprehensión en momentos en los que el bloqueo dificulta a Gran Bretaña el acceso a mercados que son importantes para su industria. La necesidad de nuevos mercados y la relegación de España del estatus de gran potencia a la calidad de estado vasallo del Emperador francés abren para Londres un nuevo escenario en el cual la apertura de rutas comerciales hacia América hispana no tiene ya los mismos impedimentos geoestratégicos que le habían hecho desistir anteriormente de apoyar una revuelta independentista en ese territorios (ver Rusos, ingleses, españoles y Una vida normal). Pronto, sin embargo, noticias que confirman la amplitud de la rebelión de los españoles contra los franceses llevan a Inglaterra a decidir el envío de las fuerzas de Wellesley ya no hacia América del sur, sino a apoyar la insurrección en la Península en función de acabar de una vez por todas con la amenaza que Napoleón representa.


Comunicar el cambio de planes a Miranda fue “la misión más difícil confiada a él por el gobierno,” dirá después Wellesley a Philip Henry, 5to Conde Stanhope [1]Citado por Tomás Polanco Alcántara en Francisco de Miranda, ¿Ulises, Don Juan o Don Quijote?, 2da edición, p. 242, Ediciones Vencemos, Caracas, 1997. Miranda reacciona coléricamente al anuncio y rechaza la invitación a participar en la expedición que le extiende Wellesley, aduciendo que sólo le interesa la emancipación de Hispanoamérica y que no desea combatir a sus antiguos compañeros del ejército francés.


Napoleón I

Napoleón Bonaparte (1769-1821)

La ocupación francesa de España resulta en una gran revuelta popular que desde el punto de vista bélico trae como innovación lo que hoy se conoce como guerra de guerrillas. Esquema ajeno a la teoría militar del siglo XVIII, la guerrilla no obedece a las reglas establecidas del arte de la guerra y sigue una lógica imprevisible que fuerza al ejército de Napoleón a adoptar una postura tanto defensiva como represiva. Abajo, detalle del cuadro Mayo 1808 de Francisco Goya, testimonio de las exacciones cometidas por el ejército francés sobre la población civil española.

Detalle, Mayo 1808

Mientras Gran Bretaña se concentra en la lucha contra Bonaparte, Miranda, que no parece nunca desanimarse por mucho tiempo, continúa su intercambio epistolar con diversas personalidades hispanoamericanas, norteamericanas y europeas susceptibles de estar a favor de la independencia de la América hispana y comenta sobre las oportunidades que se abren con la crisis española.


En julio de 1808, luego de constituirse en diversas provincias peninsulares juntas de gobierno independientes para asegurar la continuidad del Estado español en nombre de Fernando VII, Miranda escribe a los cabildos de Caracas, La Habana, Ciudad de México y Buenos Aires exponiendo la necesidad de que ellos establezcan por sí mismos juntas similares que defiendan los derechos de los habitantes de Hispanoamérica, pues las provincias americanas no pueden considerarse representadas o comprometidas por juntas provinciales peninsulares que no tienen jurisdicción sobre ellas. Aunque en esos lugares hay ya quienes ponderan esta misma idea, la carta de Miranda es mal recibida por su destinatario caraqueño, Francisco Rodríguez del Toro, marqués del Toro, quien denuncia la misiva ante el cabildo. Tres años más tarde, Toro firmará con Miranda el Acta de Independencia de Venezuela.


En la Península, el temor a la pérdida de control sobre el imperio americano es una de las razones de la creación, el 25 de septiembre de 1808, de la Junta Suprema Central, que toma para sí todas las funciones del gobierno central a nombre de Fernando VII y en contra de José Bonaparte. Ella firma un tratado de alianza con Inglaterra el 14 de enero de 1809.

Fernando VII de España

Fernando VII
de España


A pesar de sus esfuerzos y los del Consejo de Regencia al que da paso en enero de 1810, la Junta Central no puede conjurar la crisis de legitimidad desatada en Hispanoamérica con las abdicaciones de Fernando VII y Carlos IV, ambos aún en el exilio: en diversas áreas del continente comienzan a tener lugar asonadas lideradas por criollos a favor de la autonomía y en contra de la simple sumisión a lo que se decida en España. La primera de ellas, de corta duración, tiene lugar en México en agosto de 1808, seguida por otra en Venezuela en noviembre de ese año y una tercera en Chuquisaca (la actual ciudad de Sucre, en Bolivia), el 25 de mayo de 1809.


Muchas de esas revueltas están impulsadas por el temor que existe en la aristocracia criolla de que la crisis española resulte en un debilitamiento de la estructura represiva que mantiene en pie el orden social establecido por el sistema colonial y dé paso a una sublevación con componentes de venganza racial como la liderada en el Virreinato del Perú por José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru II, entre 1780 y 1781, o la ocurrida en Haití a partir de 1791 durante la Revolución Francesa, con consecuencias dolorosas en términos de atrocidades y exilio. Sólo en Venezuela, donde también se han producido alzamientos de esclavos, se estima que, dentro de una población global de casi 800 mil personas, alrededor de 200 mil son individuos blancos criollos o europeos y las 600 mil personas restantes corresponden a individuos de tez mestiza, indígena o negra [2]Cifras de Agustín Codazzi citadas por Rogelio Altez en El Desastre de 1812 en Venezuela: Sismos, vulnerabilidades y una patria no tan boba, p. 142, Universidad Católica Andrés Bello – Fundación Polar, Caracas, 2006 tradicionalmente relegados a estamentos sociales inferiores. Miranda, cuya experiencia en Francia le ha llevado a ver desde primera fila los efectos de la exaltación excesiva de las masas, comparte los temores criollos y hace ver repetidamente en su correspondencia con funcionarios británicos y otros la necesidad de evitar en Hispanoamérica los horrores del ejemplo francés.


En Londres, Miranda inicia en marzo de 1810 la publicación del periódico El Colombiano, nuevo esfuerzo propagandístico con el cual busca suministrar a lectores específicamente hispanoamericanos información paralela a la versión oficial de los hechos difundida en gacetas editadas en América bajo el control de las autoridades españolas. Sólo aparecerán cinco números, pues su publicación será detenida en mayo siguiente, con toda probabilidad por petición expresa de Lord Castlereagh, bajo presión a su vez del Consejo de Regencia que gobierna a nombre de Fernando VII en Sevilla.


Caracas, 19 de abril de 1810

19 de abril de 1810, Jueves Santo: el nuevo Capitán General de Venezuela, Vicente Emparan, es detenido a las puertas de la catedral de Caracas y obligado a retornar al Cabildo para renunciar a su cargo. Oleo del pintor venezolano Juan Lovera.


Durante esas mismas fechas, el 19 de abril de 1810, los criollos de Caracas rechazan seguir acatando la autoridad del Capitán General designado por José Bonaparte y confirmado por el Consejo de Regencia, Vicente Emparan, y constituyen una Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII conforme a lo propuesto por Miranda en su carta de 1808, pero sin que se pueda decir que esta misiva haya jugado un rol cualquiera en los acontecimientos. Inmediatamente después de su creación, la Junta de Caracas envía comisiones a la Nueva Granada, a Inglaterra y a los Estados Unidos en busca de reconocimiento y apoyo.


Miranda se entera de los sucesos de Caracas en junio siguiente, con natural alborozo, y parece comprender erróneamente que la creación de la Junta obedece a lo propuesto por él al Cabildo de esa ciudad en 1808. Desde Cádiz, el Consejo de Regencia reacciona por su parte decretando un embargo al comercio entre la Provincia de Caracas y el resto del imperio español, en agosto de 1810.


Para ese entonces ya se encuentra en Londres la misión enviada por la Junta Suprema de Caracas. A su frente está el heredero de una de las más grandes fortunas de esa provincia, Simón Bolívar, quien viaja acompañado por otros dos personajes de relevancia: el poeta Andrés Bello, primer redactor de la Gaceta de Caracas y a futuro gran figura de las letras hispanoamericanas del siglo XIX, y Luis López Méndez, quien servirá como negociador en Londres en representación del bando republicano durante la guerra de independencia de Venezuela y, casualmente, está casado con una sobrina de Miranda.


Todos tienen instrucciones de evitarle, pero al menos dos de ellos, Bolívar y López Méndez, están decididos a verle.